Almacenes a 40°C: Estrategias de Lean & Green y Ergonomía para optimizar tu intralogística en verano

Estamos en Julio, y el verano esta desplegando toda su intensidad este año, no en vano ya estamos viviendo la segunda ola de calor en la Península Ibérica. Mientras muchos de vosotros estáis acabando de planificar o ya disfrutando de vuestras vacaciones , el sector logístico español entra en una de sus fases operativas más…

Warehouse interior with tall shelves stocked with boxes and a large thermometer displaying 20 degrees Fahrenheit

Estamos en Julio, y el verano esta desplegando toda su intensidad este año, no en vano ya estamos viviendo la segunda ola de calor en la Península Ibérica. Mientras muchos de vosotros estáis acabando de planificar o ya disfrutando de vuestras vacaciones , el sector logístico español entra en una de sus fases operativas más complejas del año. A las tensiones habituales de la demanda estacional y a la reconfiguración de los turnos por las vacaciones de las plantillas fijas, se le suma un enemigo invisible pero implacable: el estrés térmico en los centros de distribución y almacenamiento.

Mantener la eficiencia en la intralogística —el flujo de materiales y mercancías dentro de las cuatro paredes de un almacén— cuando el termómetro exterior supera los 40°C es un desafío mayúsculo. En los mas de 40 años de vida profesional que llevo, solo en una ocasión en Palma del Rio hace muchos años me pare a pensar en la importancia del calor, siempre al trabajar en almacenes o formar a diferentes equipos sobre este tema , me he centrado en optimizar los recorridos, exprimir la capacidad del suelo y acelerar los tiempos de preparación de pedidos (picking).

Sin embargo, en pleno 2026, la realidad climática, que calor que vamos a pasar hoy, obliga todos los que nos dedicamos a la logística y a la cadena de suministro a entender que la productividad está directamente ligada a las condiciones ambientales de la nave (ojo ayer en el telediario nos ponían como el tercer sector en el que el calor tiene una mayor incidencia en la pérdida de productividad).

Me he parado a pensar sobre este tema, y la primera idea tal vez sería climatizar de forma convencional una instalación logística de miles de metros cuadrados y techos de gran altura, pero esto es una quimera económica que, además, destruiría los objetivos de descarbonización de cualquier empresa integrada en iniciativas sostenibles como Lean & Green. Por lo tanto, el reto actual consiste en aplicar estrategias inteligentes que unan la eficiencia de procesos, la sostenibilidad medioambiental y la ergonomía laboral.

El calor no solo genera incomodidad; altera drásticamente los ratios operativos de un almacén. Diversos estudios de medicina del trabajo aplicados a entornos industriales demuestran que, a partir de los 28°C de temperatura interior, el rendimiento físico de un operario disminuye de forma lineal. Cuando la temperatura interna de una nave alcanza o supera los 35°C, la capacidad de concentración decae y la velocidad de ejecución en tareas de picking o consolidación puede reducirse entre un 15% y un 20%, y también en muchas ocasiones nos podemos encontrar con un aumento de bajas y siniestrabilidad por problemas de deshidratación y estrés.

El calor por tanto se manifiesta en las cadenas de suministro a través de tres vías críticas:

  • Incremento del ratio de errores: Un operario fatigado por el calor comete más fallos en la lectura de códigos de barras, el conteo de unidades o la asignación de muelles de carga. En plena campaña de rebajas estacionales, una tasa de error elevada en la preparación de pedidos online es letal para el margen de la pyme.
  • Aumento de los tiempos de ciclo: Los movimientos se vuelven más lentos, los descansos necesarios para la hidratación se multiplican y el flujo de salida de mercancías hacia los transportistas se retrasa, poniendo en riesgo los acuerdos de nivel de servicio (SLA).
  • Siniestralidad laboral: El agotamiento térmico incrementa los descuidos en el manejo de carretillas elevadoras, transpaletas y sistemas de guiado, elevando el riesgo de accidentes leves o bajas laborales justo en el momento en que la plantilla está más ajustada por el periodo vacacional.

Frente a la inercia tradicional de pensar en potentes e ineficientes sistemas de aire acondicionado industrial, las pymes que lideran la transformación hacia una logística verde (Green Logistics) apuestan por la arquitectura bioclimática y las tecnologías pasivas de control térmico. Estas soluciones permiten reducir drásticamente la temperatura interior del almacén con un consumo energético mínimo o nulo.

  • Cubiertas reflectantes (Cool Roofs). Una de las mayores fuentes de calor en un almacén es la radiación solar directa sobre la cubierta de la nave. Las tecnologías de Cool Roof consisten en la aplicación de revestimientos o membranas de alta reflectancia solar en los tejados. Estas cubiertas reflejan hasta el 85% de la radiación solar, evitando que el calor se transfiera al interior de la estructura. La implementación de esta medida pasiva puede reducir la temperatura interna de la zona superior del almacén (donde se acumula el aire caliente) entre 4°C y 6°C, protegiendo tanto a los operarios de los niveles altos de estanterías como a las mercancías termosensibles.
  • Ventilación HVLS (High Volume, Low Speed). Los grandes ventiladores de techo de alto volumen y baja velocidad (HVLS) se han convertido en una pieza fundamental de la intralogística moderna en verano. A diferencia de los ventiladores convencionales, que mueven el aire de forma turbulenta y ruidosa, los sistemas HVLS generan una columna de aire masiva que se desplaza suavemente hacia el suelo y se distribuye en todas direcciones.

Aunque estos dispositivos no bajan la temperatura que marca el termómetro, la circulación continua del aire rompe la capa de humedad sobre la piel del operario, incrementando la evaporación del sudor y reduciendo la sensación térmica interior entre 4°C y 5°C. Además, su consumo eléctrico es equivalente al de unos pocos electrodomésticos domésticos, lo que los alinea perfectamente con los criterios de ahorro de emisiones de la certificación Lean & Green.

El segundo gran frente del verano logístico es la continuidad operativa de la plantilla. El derecho al descanso vacacional de los trabajadores habituales obliga a las empresas a incorporar un volumen considerable de personal temporal de forma escalonada durante julio y agosto.

El gran peligro de esta rotación es la curva de aprendizaje. Si un operario temporal tarda dos semanas en entender el funcionamiento del almacén, la campaña de verano habrá terminado antes de que sea rentable. Para mitigar este impacto, la digitalización y el uso de Sistemas de Gestión de Almacenes (SGA) intuitivos resultan indispensables.

  • Procesos guiados visualmente: Los terminales de radiofrecuencia o los sistemas de picking por voz (Voice Picking) deben configurarse con interfaces simplificadas y flujos de trabajo cerrados. El sistema debe dictar al operario temporal el pasillo exacto, el nivel de estantería y la cantidad de producto de forma inequívoca, reduciendo la necesidad de memorizar la distribución física de la nave.
  • Cápsulas de formación digital (Microlearning): En lugar de largas y tediosas jornadas de formación teórica bajo el calor, las pymes eficientes utilizan vídeos cortos y tutoriales interactivos en tabletas antes del inicio del turno. Esto permite transmitir las normas de seguridad, ergonomía y uso de la tecnología de forma ágil y visual.
  • Control del inventario en tiempo real: Con una plantilla cambiante, la disciplina del dato debe ser férrea. Cada movimiento de mercancía debe quedar registrado al instante para evitar los descuadres de stock que suelen aflorar a finales de agosto debido a la falta de experiencia del personal eventual.

Pero más allá de proponer medidas en las infraestructuras de almacén y en la tecnología, en verano debemos poner en el centro la salud y la ergonomía del eslabón más crítico de la cadena como son los operarios de almacén y transporte. La prevención de riesgos laborales bajo temperaturas extremas no lo debemos considerar como una obligación legal, sino como una estrategia de retención de talento y mantenimiento de la productividad. Entre las medidas que deberíamos tomar están:

  • Adaptar los horarios de trabajo para evitar las horas centrales del día, cuando la inercia térmica de la nave alcanza su punto álgido.
  • Desplazar los turnos de preparación de pedidos más intensivos hacia la madrugada o habilitar turnos nocturnos para operar en las franjas más frescas de la jornada.
  • Las tareas físicamente más exigentes, como la descarga manual de contenedores o el paletizado pesado, deben programarse prioritariamente a primera hora de la mañana.
  • Dotar de puntos de hidratación accesibles y la obligatoriedad de realizar pausas programadas son fundamentales (ojo lo hacen hasta en los partidos de futbol).
  • Rotación de puestos durante la misma jornada (alternando tareas de movimiento intensivo con funciones más estáticas en zonas de embalaje o mesas de consolidación equipadas con ventiladores locales) distribuye la carga física y reduce la fatiga acumulada del equipo.

Sobrevivir operativamente a los meses de verano en el sector logístico español no puede depender de la resistencia física de los trabajadores o de un incremento descontrolado de los costes energéticos. Las cadenas de suministro más resilientes son aquellas que saben adaptarse a las circunstancias climáticas mediante la flexibilidad y la innovación. Un almacén que implementa barreras pasivas contra el calor, que utiliza la digitalización para integrar de forma rápida y humana al personal de vacaciones, y que protege activamente la salud de sus operarios, no solo reduce drásticamente su huella de carbono y sus costes operativos. Consigue algo mucho más valioso: blindar su nivel de servicio y asegurar que el engranaje de la cadena de suministro siga girando con total precisión, sin importar los grados que dicte el termómetro exterior.

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