Existe una tendencia errónea a pensar que lo que sucede en el Golfo Pérsico se queda en los mercados internacionales de crudo. Sin embargo, para un director de logística, el Estrecho de Ormuz podemos considerar que es la primera ficha del dominó de una cadena que termina en la furgoneta que entrega suministros en el centro de Madrid.
La inestabilidad que estamos sufriendo estos últimos meses, consecuencia de la guerra de Irán, se traduce en una presión insoportable para el transporte por carretera, si a esto unimos la escasez de conductores, puede ser que estemos poniendo en jaque a la Distribución Urbana de Mercancías (DUM), tan importante para todos hoy en día.
El transporte por carretera en España es extremadamente sensible a las fluctuaciones del Brent. Cuando el flujo en Ormuz se ve amenazado, vemos que la reacción directa es el aumento en los precios del gasóleo.
Para una empresa de transporte de larga distancia, el combustible representa entre el 30% y el 40% de sus costes operativos totales. Aunque la Ley de la Cadena de Transporte en España permite (y obliga) a la revisión de precios por la variación del combustible, el desfase temporal entre la subida en el surtidor y el cobro de la factura genera una tensión de caja que muchas PYMES del sector no pueden soportar.
A esto quiero unir el problema de conductores, que tiene tambien una incidencia en costes salariales, durante la reciente Asamblea General de AEDISMA, los datos puestos sobre la mesa fueron desoladores: faltan 3.500 conductores en Madrid, 30.000 en España y más de 300.000 en toda Europa.
¿Cómo se conecta esto con Ormuz? La respuesta es el margen operativo. Si los costes energéticos suben de forma descontrolada, las empresas tienen menos margen para:
- Mejorar los salarios: El sector no puede competir en atractivo si no hay rentabilidad.
- Renovar flotas: Los camiones más eficientes y menos contaminantes requieren inversiones que la crisis de costes frena en seco.
- Dignificar la profesión: La presión por la eficiencia extrema ante costes altos aumenta el estrés de los conductores actuales, fomentando el abandono de la profesión.
Si la larga distancia sufre, la distribución capilar (DUM) agoniza. El canal Horeca (Hoteles, Restaurantes y Cafeterías) es especialmente vulnerable debido a la alta frecuencia de entregas y el bajo valor relativo de algunos pedidos.
Tabla: Estructura de Costes de la Distribución Capilar ante la Crisis Energética
| Concepto | Peso en Coste Total (Normal) | Peso en Coste Total (Crisis) | Impacto en la Rentabilidad |
| Combustible | 22% | 35% | Crítico |
| Personal (Conductores) | 48% | 45% | Alto (Riesgo de fuga) |
| Mantenimiento / Neumáticos | 12% | 15% (Inflación de componentes) | Medio |
| Margen Operativo Neto | 7% | 1% | Alerta de viabilidad |
Como pude comentar con expertos de AECOC y CETM, el repartidor urbano de Madrid se enfrenta a una triple amenaza: restricciones de acceso (ZBE), falta de zonas de carga y descarga, y un combustible que devora el margen de cada parada.
Para dar solución a estos problemas, vuelvo a incidir en la necesidad de utilizar la IA. Ante un gasóleo caro y falta de conductores, la IA debe actuar en tres frentes:
- Optimización Dinámica de Rutas: No basta con una ruta fija; se necesita algoritmos que reaccionen al tráfico en tiempo real para evitar el ralentí y el consumo innecesario.
- Predicción de Demanda: Evitar viajes en vacío o con media carga. La eficiencia en el llenado de los vehículos es el mejor ahorro de combustible posible.
- Mantenimiento Predictivo: Evitar que un vehículo se detenga por avería, optimizando su vida útil y reduciendo el consumo por desgaste de piezas.
La DUM es el eje vertebrador de la vida en la ciudad. No podemos gestionar la logística urbana de espaldas a la realidad geopolítica. La crisis de Ormuz nos enseña que somos vulnerables. La solución pasa por la formación especializada (como la que impulsamos desde ESIC), la firma de alianzas estratégicas entre asociaciones y la apuesta decidida por la tecnología. Solo profesionalizando el sector y optimizando cada gota de combustible lograremos que la última milla siga siendo el motor de nuestras ciudades.





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